Ser padrino o madrina el día de la comunión trae consigo una expectativa particular: no eres el padre ni la madre, pero tampoco eres un invitado más. El regalo tiene que estar a la altura sin competir con el de la familia más cercana.
Un regalo de comunión personalizado con el nombre resuelve bastante bien la cuestión: el objeto es útil, lleva su nombre y se queda en su habitación mucho después de la ceremonia.
Cuando eres padrino o madrina
La tradición suele pedir una joya o una medalla. El problema es conocido: el niño la guarda y no vuelve a sacarla. Un objeto de uso diario, en cambio, sirve de verdad, y recuerda quién lo regaló cada vez que se usa.
Para una ahijada
Un macetero personalizado para la planta de su habitación, o una placa de puerta con su nombre: dos regalos que encuentran su sitio enseguida, sin depender de sus gustos del momento.
Para un ahijado
Un lapicero grabado con su nombre acompaña los cursos que empiezan justo después de la comunión. Es un regalo discreto, cuya utilidad no pasa de moda.
Confirmación: un regalo que envejece bien
Para una confirmación, el chico o la chica ya es adolescente. Mejor un objeto sobrio, que conserve al crecer, que un recuerdo demasiado marcado por la ceremonia.
¿Y para los padres?
Estas mismas piezas funcionan también como regalo de los padres o de los abuelos. La personalización con el nombre marca la diferencia: dos invitados pueden regalar el mismo objeto sin que sea el mismo regalo.
Cada pieza está impresa en 3D y fabricada en Francia, personalizable con el nombre que elijas.























